Recuerdos de un pasado

Recuerdos de un pasado

Eso que voy a contar, hace que mi corazón vuelva a palpitar fuertemente, pero no de emoción sino de miedo.

Mi familia y yo nos cambiamos de casa por lo menos unas seis veces en un periodo menor a dos años. La razón era porque mi mamá trabajaba como agente de bienes raíces y la compañía la enviaba a vender complejos de apartamentos en distintas zonas turísticas.

Llegamos a una casa que estaba muy cerca del mar y la verdad es que he visto pocas locaciones con una vista tan imponente como esa. Mi habitación estaba en la parte de arriba, junto al corredor. Lo que más me gustaba de mi cuarto es que tenía un gran ventanal por el cual podía ver fácilmente el agua azulada que se hallaba ante mis pies.

Desde la primera noche que dormí ahí, empecé a tener sueños extraños. No los podría calificar de pesadillas, ya que no despertaba ni con ansiedad ni sudando.

Me parecía como si mi mente estuviera dentro del cuerpo de otra persona, pues en dichos sueños hablaba con gente que no conocía. Le dije a mi mamá lo que estaba pasando y ella me respondió que a lo mejor era que necesitaba ir a ver al psicólogo, puesto que ya en anteriores ocasiones tuve algunos ataques de nervios.

El doctor me comentó que si lo que le estaba contando era cierto, yo era de las personas más afortunadas en este planeta, pues la mayoría que experimenta esa clase de experiencias, a menudo termina muerto fulminado por un infarto.

Fue entonces cuando decidí escribir lo ocurrido en un archivo en la computadora al que titule con el nombre de cuentos de terror cortos, ya que con el paso del tiempo la intensidad de las visiones se hizo mucho mayor.

Inclusive hubo una ocasión en la que en un sueño me llevaron al muelle directamente en el lugar en donde estaba un muerto. Al día siguiente fui a ese sitio acompañado de la policía y encontramos una osamenta.

A las autoridades les dije que yo era psíquico y que por ende tenía la capacidad de comunicarme con seres del más allá. No obstante, los gendarmes no dejaron de vigilarme hasta que nos marchamos de ese sitio.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *