La leyenda del puente sin retorno

La leyenda del puente sin retorno

Alejo paseaba por el bosque en busca de bayas frescas. Le gustaba examinar a profundidad cada árbol que se cruzaba en su camino. Se la pasaba muy bien, pues a menudo durante su recorrido inventaba leyendas de terror sobre monstruos y criaturas que podían aparecer a la mitad de la noche.

Esa tarde el sol se ocultó detrás de un enorme banco de nubes, lo que hizo que el ambiente se pusiera sombrío y escabroso, tal y como el chico lo imaginaba en sus leyendas de terror.

Peor aún, debido a la intensa oscuridad, Alejo se encontraba desorientado y no sabía cuál era el camino para poder regresar a su casa. Estuvo vagando hacia todos lados hasta que se topó con un puente colgante.

Le intrigó que a unos cuantos metros de éste había un cartel colgado entre dos árboles que tenía el siguiente mensaje escrito:

“Puente sin retorno”.

– Eso es una tontería. Por supuesto que tiene retorno, si ambos lados están habilitados. Pensó Alejo.

Se dispuso a comprobar su teoría, cruzando en ese mismo instante aquel puente “prohibido”. Las cuerdas y los maderos que lo conformaban se mecían bruscamente, a causa del fuerte viento que soplaba.

Cuando llegó a la mitad, observó que del otro lado se veía un poblado lleno de luces coloridas. Eso lo animó a seguir adelante, ignorando la advertencia que atrás se le había especificado.

Sin embargo, a los pocos pasos de llegar al otro extremo, vio cómo las casas y los faroles eran transformados en piedras incandescentes. No pasó mucho tiempo, para que el sonido del viento se transformara en una lúgubre carcajada.

– Te doy la más cordial bienvenida. Has llegado a los dominios de belcebú. Tu espíritu formará parte de las ánimas del purgatorio.

Alejo intentó correr, pero su alma y su organismo ya se habían separado. Fanáticos de lo paranormal aseguran que estas leyendas de terror cobran mayor fuerza durante el otoño.

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