La colina del silencio

La colina del silencio

El redactar una historia de miedo, no significa que tengamos que crear sub tramas con varios personajes para confundir al lector (cosa que hacen los cuentos de terror largos).

Dos amigos a los que les gustaba explorar la naturaleza, particularmente aquella que se puede apreciar en terrenos agrestes.

Uno de ellos conocía a la perfección la leyenda de la “Colina del silencio”, la cual decía que ningún ser vivo había podido cruzarla.

Por increíble que parezca, más de la mitad del proceso de escalada, fue muy rápido y sencillo, gracias a que iban equipados con cuerdas, calzado y tecnología de última generación como las gafas de visión nocturna, sólo por mencionar una herramienta.

A poco más de la mitad del recorrido, uno de los dos hombres vio que frente a él se alzaba un gran letrero de madera cubierto por nieve. El anuncio decía:

“Ahora que has llegado hasta aquí, te pregunto ¿Te gustaría seguir por la ruta larga o tomar el atajo? Piénsalo bien, porque el camino corto puede que no te conduzca a donde deseas”.

– Oye, ¿quién habrá escrito todo esto? Dijo uno de los exploradores.

– No lo sé, pero debe ser alguien que tenía mucha prisa, pues apenas si se entiende. Mencionó el otro.

– Tomemos el atajo. De todas formas, si no nos conviene, ahora tenemos un sistema digital que nos puede indicar en un parpadeo nuestra posición, déjame grabarla en el dispositivo. ¡Listo! Ya podemos continuar. Replicó el primero.

Dieron alrededor de 1000 pasos, cuando divisaron una gran caverna cubierta de nieve. Una vez más, a la entrada de la cueva había un letrero que decía:

“Entra aquí. El final está más cerca de lo que te imaginas. Si deseas vivir, no hables.”.

Ambos individuos hicieron lo que el anuncio les decía y al introducirse en la caverna soltaron un alarido que retumbó por todas las paredes. Hasta el más minúsculo rincón estaba repleto de esqueletos mutilados.

El ruido hizo que las estalactitas de hielo que colgaban del techo, se desprendieran, perforándoles cada una de las partes de su cuerpo. De ahí que ese sitio aún hoy se ha conocido como “la colina del silencio”.

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