El hombre de las abejas

El hombre de las abejas

Con mis amigos decidimos revivir algunas de las leyendas cortas que nos habían contado nuestros familiares en una noche en donde nos encontrábamos haciendo una fogata en un campamento de la escuela.

Uno de mis amigos contó una historia que sucedió en el mismo lugar en donde vivíamos, la cual le había contado su abuelo, quien presenció el sorprendente acontecimiento.

Resulta que hace varias décadas atrás en el pueblo había una gran capacidad para poder fabricar miel, puesto que las flores que crecían en ciertos lugares eran óptimas para que las abejas logren realizar el proceso necesario para la elaboración de este producto tan demandado a un precio verdaderamente elevado, es por ello que muchos de los productores del pueblo decidieron dedicarse a este rubro de la producción.

Un hombre muy experimentado en el tema de las abejas decidió también dedicarse a la producción de miel, pero en este caso en particular no utilizaba ningún tipo de protección para poder tratar con los diferentes panales en donde acostumbraban a elaborarse la miel, es por ello que a muchas personas les sorprendió este acontecimiento.

Igualmente el hombre continuaba trabajando con las abejas sin necesidad de utilizar medidas de protección, a pesar de las recomendaciones de los demás productores. De manera sorpresiva este hombre era el que mejor producía, ya que lograba fabricar miel de gran calidad y grandes cantidades, algo que le permitía ganar mucho dinero.

Entre los rumores que comenzaron a sonar en el pueblo, estaba el hecho de que él había hecho un pacto con el diablo para que las abejas no lo picaran, algo que nunca pudo confirmarse.

Al pasar los años, cuando ya se había hecho rico en este negocio, muchas personas que lo vieron en ese entonces divisaron que las abejas siempre lo seguían, y que cada vez eran más las abejas que se posaban en sus hombros. Muchos dicen que las abejas le ingresaban por la boca y la nariz, y que éste hacía caso omiso. Incluso llegó cierto momento en donde no podía caminar por la calle debido a la cantidad de abejas que lo seguían. El hombre decidió quedarse en su casa sin salir de allí. La persona que le llevaba los mandados contaba en el pueblo que cada vez eran más las abejas que se encontraban dentro de su casa, y que llegó un punto en donde el repartidor no pudo entrar más, puesto que era enorme la cantidad de abejas y miel que había dentro de la casa. La policía y los bomberos decidieron ingresar a la fuerza a la casa para intentar salvar al hombre, pero no lo encontraron. Nunca más se le vio.

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